PARTE DE MI BIOGRAFIA

A los tres meses de haber nacido, adquirí la parálisis infantil o poliomielitis. Esta enfermedad terminó concentrándose en mi pierna derecha. Pierna que fue operada en el Hospital de San Rafael; (Madrid) dos veces de la rodilla y otras dos del pié, para al final, poder deambular con aparato ortopédico. Este aparato, ha sido compañero inseparable como la Magia.
Mis maestros en la escuela, desde los cuatro años a los quince: doña Angustias, que apenas la recuerdo, don Marcelino, que pegaba con una vara emporrada en uno de sus extremos , y don Constancio, que en vez de vara, usaba tres tiras de cuero en forma de trenza, y que llamábamos correílla. A don Constancio Martínez Puerta, lo recuerdo como el hombre casi perfecto, jamás se le vio fumar, nunca visitaba los bares, únicamente se le veía fuera de la escuela, en sus largos paseos de la tarde. Gran deportista y amante del fútbol, deporte que le fascinaba y practicaba a diario con sus alumnos. Don Constancio, era un gran ejemplo a seguir.
Como ya he comentado, nací en Saelíces, y que en su jurisdicción tiene Segóbriga, una ciudad romana y enterrada. Esta ciudad ha sido la que me ha prestado  el nombre artístico: SEGÓBRIGA.      Con ocho años ya sentí el impacto MÀGICO del divino arte. Un buen día mi pueblo, se vio inundado de panfletos, con el slogan de ¡¡HA LLEGADO BARCELÓ !! ¿Quién era este personaje?. Para mí, Dios. El mago más completo que he conocido, salvo que el paso de los años me traicionen. Todo su espectáculo lo realizaba en la plaza o en el salón de Capelo, con una duración de dos horas. En esas dos horas, podíamos ver todo tipo de Magia: Clásica, cómica, manipulación, mentalismo, hipnotismo, e incluso cumberlandismo… y mucho más. Y todo lo hacía bien. Su retribución económica, era el producto conseguido en la rifa: una botella de coñac 103 ó de anís del Mono. Esta rifa, la hacía en el intermedio, desapareciendo parte del público, para no contribuir en el “donativo”. La rifa de Barceló, era otro espectáculo. Dios mío, que forma de vender las papeletas, que profesionalidad, ¡¡Qué Maestro!!. A raíz de conocer a este profesional, lo tenía muy claro: ¡Quería ser mago! Ya sin documentación alguna, conseguía sorprender a mis compañeros de colegio, haciendo desaparecer el botón de una pelliza vieja de mi padre, usando técnicas totalmente intuitivas. En cierta ocasión hice desaparecer la correilla, pero apareció rápidamente.

Progresos mágicos. Algo más tarde amplié mi corto repertorio, con algunos juegos que me enseñó “el Tío Higinio, “un buen hombre, encargado de encender y apagar el alumbrado de Saelices. Uno de los juegos, recuerdo, que era con dos ases, que se perdían en el mazo por distinto sitio, y con un pase mágico,… Perico y Frescales, que era el nombre que le daba a los ases, aparecían juntos. “Perico y Frescales, como juntos los meto, juntos los saco. Perico y Frescales, como junto los meto junto los saco…” Así hasta que aparecía el primer as, y a continuación el otro. Despues me enseñaba la técnica. Otro juego, fue el conocido del palillo roto y recompuesto en un pañuelo. Dios mío, como disfruté con él, y cuantas veces lo haría.
Dos palomitas
en un palomar…
Una se va.
La otra también.
Una ya vuelve.  Y la otra también. Estos eran los versos que me enseñaron para realizar un jueguecito de Magia de cerca. Por entonces mi bagaje para la magia era: una cuerda nada flexible, algunos guijarrillos. Seis u ocho castañas (locas). Unas cuantas arzollas. Un alfiler con los que me atravesaba antebrazos, labios, carrillos y garganta. El botón de la pelliza de mi padre. El palillo en el pañuelo, y una baraja, si es que a aquellos cartones mugrientos y pegajosos, se le podía llamar baraja. Las conseguía con las cartas sueltas que me regalaban en las distintas tascas: El Chusco, el Barajeño, Medina, etc., etc. Jamás tuve una baraja completa. Poco más eran mis utensilios para sorprender. Pero creo que loconseguía.                                                                                                                        El  mayor admirador era mi padre, que me cargaba al hombro y me paseaba por las tabernas, para que supieran los del pueblo, lo listo que era su hijo. Me hacia imitar a don Matías Prat, radiando el partido de fútbol España-Turquía, del año 1950. También me gustaba imitar… en realidad todo lo que olía a espectáculo me fascinaba. Quiero contaros algo que ocurrió en un partido de fútbol en el colegio. Jugaban los alumnos de segundo grado contra los de tercero. Don Constancio el maestro, arbitraba, y yo hacía de locutor en lo alto de la tapia que dividía el campo escolar, de la huerta de don Mateo Pardo. Con una altura “desde la cabina radiofónica” a las lechugas, de unos tres metros. Con micrófono en ristre (un bote de tomate vacio), al cantar un gol del equipo de Segundo grado…, pierdo el equilibrio, para tragarme todos los pepinos y tomates de la huerta, junto con el inalámbrico. El resultado fue, aparte del atracón de ensalada sin aliñar, una brecha en mi ceja derecha, (seis puntos de sutura) y desperfectos en el aparato ortopédico, que tuvieron que arreglar en la fragua de Teógenes.
Mis progresos mágicos, lógicamente eran muy lentos, y eso que todo lo que veía o encontraba, inmediatamente lo asociaba a la Magia, y en muchas ocasiones le sacaba partido. Me cuesta entender tanta afición, sin ningún medio. Pero me sentía Mago.

Trileros. En las ferias de mi pueblo los jugadores de ventaja, que como todos sabemos pululan, y de todo tipo, no me querían ni como mirón. Y no me querían, porque observaba y estudiaba en exceso cualquier movimiento.  He de reconocer, que gracias a ellos, he aprendido muchas triquiñuelas y algunos juegos añadidos a mi repertorio, como pueden ser: EL OCHO AMERICANO Y LA CARTETA. dos efectos de lujo que los considero grandes. SI GRANDES.  El Ocho Americano, lo vi realizar con una edad que no superaba los once años, y la única charla que le daba el tipo, para conseguir unas pesetas, era: -Señoras y señores, jueguen al ocho americano, que unas veces pierdo y otras veces gano… Jueguen al ocho americano… – Esto era lo que pregonaba reiteradamente. Dios mío, que forma de ganar. De vez en cuando, pero muy de vez en cuando dejaba la buena suerte al apostante, para al final dejarlo más limpio que la “espalda de un violín.” Yo no podía jugar por mi edad, y por que también estaba limpio, pero me fijaba… ¡Cómo me fijaba!. Observaba todos los movimientos del cruce de la cuerda que formaba el ocho, sabiendo en todo momento cuando se podía ganar, y cuando se podía perder (Que era casi siempre). En cuanto el tío (quiero decir el ventajista) colocaba el tenderete, allí le estaba esperando para ponerle nervioso. Una vez me preguntó: -¿Qué, chaval, de miranda? (Quería decir de mirón) ¡Aquí se viene a jugar!- y le contesté, que tenía mucha suerte el no poder jugar, ya que sabia como colocaba las cuerdas. Y se lo demostré en varias pruebas que me hizo, quedando claro que estaba en posesión del truco. Me sentenció diciendo: -¡Chaval, como me entere que comentas algo, te soltaré dos host… ! – Dios mío, como para hacer algún comentario sobre el ocho! Lo estudié lo trabajé, y ahora es un juego que me está dando fama y dinero. Bueno, dinero no y fama, solo entre los magos. El Ocho Americano, ya solo se parece al de aquel ventajista, en el título.  

El Cono. Era otro juego de ventaja que realizaba otro timador y que me llamó profundamente la atención. Voy a intentar reconstruirlo a pesar de los años transcurridos. Consistía en un artilugio muy simple. Una mesa y sobre el tablero dos palos verticales soportando otro horizontal. Del centro de este último pendia una cadena o cuerda con una pelota en el extremo. Y ya como utensilio final un cono de madera. El juego consistía en lo siguiente: Una vez hecha la apuesta, el timador desliaba la cuerda con la pelota que descansaba sobre el larguero y se la entregaba al apostante o mejor dicho al “pringao”, con el fin de que con ella derribase el cono que se encontraba justo en el centro de los palos. Se lanzaba suavemente la pelota, para que al regreso derribase el cono. Solamente se ganaba si este caía en el regreso. Se perdía si se derribaba a la ida, y también si no se conseguía a la vuelta. Así viendo perder a mis paisanos, descubrí el secreto o la trampa del SINVERGUENZA. Sin decir nada y después de ver al timador hacer la prueba que siempre realizaba para demostrar como el cono se podía tirar fácilmente,  le dije: -No cuelgue la pelota que quiero jugar yo. – A pesar de los ruegos de que no colgara la pelota en el palo, la colgó, descolgándola acto seguido para entregármela. Nuestro hombre continuó: -Ahora apuesto doble contra sencillo que no tiras el cono.- Le contesté: -Naturalmente que no. Al descolgar la pelota ha alterado la posición de los palos.- Sé vio cogido, y en represalias, me dijo lo mismo que el del Ocho Americano. El truco consistía en los palos: Cuando él tiraba la pelota, el centro de gravedad caía sobre el cono. Pero cuando solicitaba tirar el incauto, al descolgar la pelota, desviaba ligeramente los palos para que el centro de esta no cayese directamente hacia el cono. De ahí que si no lo derribabas a la ida, menos se consigue a la vuelta. Resumiendo que el secreto estaba en la posición de los palos que el “jeta” colocaba a su conveniencia.
Los Domingos y Festivos, mi hermano Jesús y yo, despachabamos frutas, verduras y hortalizas entre otras cosas, en un puesto que mi padres ponían en la plaza llamada el “Parador” (tipo rastro.) “Sucursal” de la tienda de comestibles que teníamos en la calle Real 19. Yo, como reclamo, hacia malabares con tres huevos, mientras pregonaba lo menos vendible. Gracias a esta actividad del domingo, conseguí dominar sin saberlo, algunas técnicas y escamoteos con patatas, tomates, peras, manzanas y sandias, aunque os cueste creerlo. Los kilos de mis pesadas para el cliente eran de 1.100 gramos, y cuando caían en su cesto ya habían mermado 200, quedando el kilo en 900. Los 200 gramos restantes se habían quedado camuflados entre el plato de la romana y la mano del artista, para desde allí regresar a la banasta. “Doña María” se marchaba tan contenta  y yo, también contento por mis progresos Mágicos. Antes comenté lo de los malabares con huevos, pero los huevos no los vendíamos nosotros, sino que los comprábamos al por menor, para luego venderlos al por mayor. Cuento esto, porque de aquí saqué una falsa cuenta con huevos: (cuatro por tres). El cliente los llevaba en su recipiente que normalmente era un cubo de cinc, y yo, los pasaba a un balde grande  que ya contenía huevos de anteriores compras. Como norma habitual y generalizada por aquellos lugares y por aquel entonces, los huevos se contaban de seis en seis, tres en cada mano. Por lo tanto cada dos pasadas se contabilizaba como una docena. Pero de vez en cuando una de las manos cargaba cuatro, que al hacerlo con ritmo, para el vendedor de los huevos pasaba totalmente desapercibido. Esta falsa cuenta convertía una docena en catorce y a veces en dieciséis unidades. Aprendí como desviar la atención de las personas, lo que se llama en Magia, Misdirecction. Los bolsillos de mis pantalones cortos, y de pana lisa, heredados o cedidos por mi hermano Francisco, tenían los bolsillos rotos, pero atados con una cuerda, con el fin de guardar los guijarros responsables de su ruptura y que me servían para practicar. También mi material de ensayo, era un fruto no comestible, que se llamaba castaña loca.

ENCICLOPEDIA DE LA MAGIA, ILUSIONISMO Y PRESTIDIGITACIÒN                                                                                                                                                                 Al fin ocurrió lo que  marcaría en gran parte mi vida en la Magia: Mi hermano Francisco, en sociedad con un amigo, pidió a la editorial “Gasso Hnos. el libro titulado: ENCICLOPEDIA DE LA MAGIA, ILUSIONISMO Y PRESTIDIGITACIÓN, escrito por un periodista mago y socio de la S.E.I. (Sociedad Española de Ilusionismo) de Barcelona. Don Antonio de Armenteras, (cuantos magos ha hecho este libro, Dios mío.) Con 330 páginas y juegos, desde Micromagia hasta grandes ilusiones, pasando por faquirismo e hipnotismo. Tuve que esperar a que el libro fuese abandonado una vez saciada la curiosidad de aquella sociedad improvisada. Ni mi hermano Francisco, ni el socio, llevaban en sus venas esa sensibilidad mágica que tengo yo. El libro fue aparcado, pero por poco tiempo. Rápidamente empezó a ser fuente, donde bebía constantemente, intentando saciar aquella sed divina, producida por la Magia. ¿Cuántas veces leí el libro? ¡Ni yo mismo lo sé!. Lo que sí puedo asegurar es, que no hay mejor libro en el mundo. Y comento: -En mi camino el destino, un libro de magia puso, que lo rompí por el uso.- “Ya no quería ser torero, ni meterme a futbolista,” estas profesiones ponían en tela de juicio mis facultades, por mis secuelas de polio. La Magia me aceptaba tal cual era, con mi defecto, sin cortapisas ni complejos. No solamente me aceptó, sino que es pareja inseparable durante toda mi vida. Nunca jamás han existido infidelidades por ninguno de los cónyuges.                                                                                                                                                                                       Con dieciséis años empecé a trabajar de mancebo en la farmacia de don Jesús Hernaiz Andréu, hombre de gran cultura y exquisito trato, del que aprendí o intenté aprender la mayoría de sus virtudes, como podía ser  hablar y forma de conectar con el público. Este gran hombre, me enseñó un juego con tres cajitas redondas, valederas como envases para las pomadas que fabricábamos (según arte) en la rebotica. Este juego lo hacía en mis comienzos, y se lo debo, (como ya he comentado) a Don Jesús, mi jefe, el Farmacéutico de Saelices. Desde estas líneas mi gratitud más sincera, a esa gran persona de la que tanto he aprendido y a la que tanto debo. Fueron cinco años plenos, donde hacia lo que sigo haciendo: tratar con el público que es lo que más me gusta. En la rebotica, aparte de los pocos potingues que ya se hacían, también realizaba mis experimentos mágicos, incluso con elementos de la farmacia. Empecé y sin saberlo a practicar la sugestión, ofreciendo a los clientes dulces caramelos como analgésicos para la cabeza… “y funcionaba.” ¡dios mío, cuantos recuerdos!

Primeras Actuaciones. Un  juego que realizaba, gracias a mi  libro: ENCICLOPEDIA DE LA MAGIA, era el de los puntos que aumentan, pero que en vez de puntos lo hacía con rombos y que el señor Armenteras lo tituló: SEIS CARTAS EN UNA. También hacia, (gracias a este libro), efectos de faquirismo, pero con alfileres o imperdibles desinfectados con la llama de una cerilla, ya que el mechero no existía, bueno, si, el de gasolina. Me atravesaba los carrillos y los labios. Lo que sí es cierto, que jamás volví a hacer faquirismo con agujas de confeccionar jerséis de lana,… después de cierta experiencia. Mi sueldo inicial como mancebo, teniendo en cuenta que era el año 1958, era de 200 pesetas al mes, equivalente a 1,2 Euros. Pero en aquella época lo que quería,  era aprender, el sueldo en principio no me importaba mucho. Por entonces llegué a hacer alguna actuación pública, programada por el cura o párroco del pueblo, y cuyos beneficios, eran íntegros para  arreglos de la Iglesia. Es verdad que aprovechaba estas actuaciones para practicar. También hice algo de ventriloquia, con dos muñecos de guiñol que me trajo don Jesús, de Madrid. Practicaba todo lo que tenía que ver con el mundo del espectáculo, en un pueblo de setecientos habitantes, donde todavía no había llegado la televisión. Con mi hermano Jesús, que era el tercero de los cuatro, montábamos números, imitando las peleas del oeste. Lucha de espadachines, (con palos de escoba). Juegos de Magia y algo de humor.  ¡HAY QUIEN DÉ MÁS?

A cuatro ruedas.Terminando con el año 1.963 toda la familia nos trasladamos a Madrid, mi madre, viuda desde hacía ya cuatro años. Mis hermanos: Francisco y Luisito, Jesús ya estaba en la capital, trabajando de camarero. Los cuatro  empezamos a trabajar de gasolineros. Yo dejé los potingues y el mortero, a cambio de la manga y los octanos. El turno que elegí fue el de noche, pensando en que tendría menos trabajo y más tiempo para practicar Magia. A las siete de la mañana terminada mi jornada de gasolinero marcho para casa, donde  me espera Madre Lorenza, con cuatro huevos muy poco fritos, sobre una fuente, aliñado con  aceite y vinagre; manjar al que daba fin, “mojeteando” trozos de pan, equivalentes a una barra. Después de los huevos,  mi queridísima Madre, me calentaba en un cazo, con medio litro de leche, en la que sumergía cuatro o cinco magdalenas, para después dormir a pierna suelta. Este fue mi desayuno diario durante tres años…y ¡nada de colesterol!. Durante los tres años que estuve de expendedor, busque la Sociedad Española de Ilusionismo. sin conseguirlo. Lo único positivo, es que obtengo un ascenso en la gasolinera como encargado, labor que tengo que desempeñar en Lanjarón, un pueblo precioso de Granada. El 17 de Junio de 1.967 tomo posesión del cargo, que dura hasta el año 1.971. La gasolinera quedó ubicada donde empiezan las Alpujarras. A mí me tocó terminar todas las gestiones burocráticas pendientes, para su apertura. Fueron cuatro años buenos: Buen sueldo, 12.000 pts. mensuales (72 Eu) mas el tanto por ciento de ventas. Buenas relaciones sociales y afectivas. Y mi primer coche, un Seat 600 verde y adaptado, debido a  mi defecto, por “D. Romualdo”, un concesionario de Granada. Con este coche me examiné para conseguir el Carné de conducir: Teórico y Práctico, en la mañana del ocho de Octubre de 1968. ¡Y APROBÉ! a la primera, con dos… narices y con dos exámenes: El primero con el Sr. ingeniero, y el segundo con el Sr. médico. El costo del carné al hacerlo por libre, fue de 750 pts.(4,50 Eu), lo mismo que la circuncisión, operación que me hizo ese mismo año, mi médico de cabecera. Operación que al detalle parecía hecha a mordiscos, (comentario de una enfermera, al médico, en un reconocimiento.) Resumimos que los cuatro años en Lanjarón, fueron interesantes en casi todo, pero muy nefasto en lo Mágico. Dios mío, que lenta mi carrera Mágica.

Regreso. Vuelvo a Madrid, abandonando totalmente la gasolina, a cambio de un puesto de LISTERO en las oficinas de Radiotrónica, una filial de Agromán, gracias a mi amigo y paisano “Pascualín” Saiz Cabrejas. Y que con el transcurrir del tiempo, mucho tiempo, llegaría a oficial de primera. También mi gratitud más sincera a Radiotronica, por esos veintidós años de paternalismo.

El mejor encuentroEl 10 de Enero de 1976, en uno de los mesones de Callao, conozco a “Maríeja,” (Mª Nieves). Y sin leerle la mano, le pronostico, que en Septiembre, de ese mismo año, la veo casada. ¡PERO CON PABLO SEGÒBRIGA!. Fue mi mejor acierto: El día 21 de Septiembre del mismo año, Mª Nieves y Pablo, se unían en matrimonio: Para lo bueno y para lo malo. En la salud y en la enfermedad… Y así año tras año, hemos  superado y con creces las bodas de plata, camino de las de oro, platino… y varios nietos. Por todo: ¡Gracias María, por haber entrado en mi vida,! si existe la reencarnación, te buscaré en el mas allá para vivir un segundo capítulo.

Por fin un mago reconocido. Al poco de empezar mi itinerario como listero, encontré en la Casa de los juegos, a un miembro de la S.E.I. (Sociedad Española de Ilusionismo) Se trataba de Víctor Arrogante, del que más tarde seria compañero. Recuerdo que me preguntó: ¿Eres mago? – Un eterno mal aficionado-. Contesté. Después, el señor Arrogante me informó que los magos se reunían todos los martes, en Puente Cultural. A los quince días sufrí un examen, con el que demostré que era apto para la Magia: Una cortita manipulación con bolas de futbolín, liadas con esparadrapo para que no resbalasen. Un pañuelo que aparecía y desaparecía gracias al R.P. Si, has leído bien. R.P. son las siglas de Rulo para el Pelo. Finalicé el examen con la carta en la naranja, pero sin naranja. Lo hice con un paracaídas que sujetaba una cápsula transportadora de la carta recompuesta. Esto ocurría a finales del año 1977. El día uno de Enero de 1978, cuando me hicieron entrega de el carné de la S.E.I. fue uno de los momentos más grandes de mi vida, comparable únicamente a la obtención también del carné de conducir, al día de m boda y al nacimiento de mis hijos. ¡¡POR FIN ERA MAGO RECONOCIDO NI MÁS NI MENOS, QUE POR LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE ILUSIONISMO!! No me lo podía creer. ¡Mago con carné!. Mago en potencia desde los ocho años. Mago oficial a los treinta y cuatro. -¡¡Gracias Dios mío!! ¡¡Un millón de gracias!!- gritaba enloquecido. Ya solo me faltaba el reconocimiento del público. Ese público es, el que realmente aprueba o suspende. Yo, no quería parecerme a esos magos, aprobados por sociedades mágicas y suspendidos por los mejores jueces:EL PÚBLICO.

Mago las 24 horas del día. A partir de la obtención del carné, para mí, solo existía la familia y la Magia. Mis horas en la oficina se limitaban a cubrir el expediente y cumplir por supuesto con las obligaciones. Estas horas eran lentas, leeentas. Largas, laaargas. Aunque al final me las ingenié para hacerlas mucho más gratificantes. En los momentos ociosos, que no eran pocos, mis juegos y escritos mágicos, los pasaba al disco duro de uno de los primeros ordenadores que se fabricaron. En casa, y una vez cumplidos los deberes de padre, esperaba a que todos se acostasen para empezar mi orgía Mágica. Cubría la mesa de 80 cm. con su tapete verde, frente a un gran espejo colgado de la pared y entre libros barajas y monedas, pasaba tres o cuatro horas en éxtasis: Leyendo y practicando, pero en éxtasis. Repetición y repetición de pases. Repetición y repetición de juegos. Repetición y repetición de rutinas. El volver a hacer, era mucho más placentero, y si veía el más mínimo progreso entraba en una felicidad plena, que solo un mago auténtico puede saberlo. Los minutos eran segundos y las horas minutos. De lunes a viernes dormía poco, pero entre sábados y domingos me desquitaba. Tuve un tiempo en el que solo vivía por y para la Magia. Esa época fue preocupante, el tiempo en el retrete para cubrir mis necesidades fisiológicas, eran horas jugando con imperdibles, bolas y dedales. No había un rincón en la casa que no tuviese mi huella mágica. Al hacer la cama, los comodines surgían entre las sábanas. Ponías la televisión, y lo primero que veías sobre ella, era una baraja con su estuche al lado, sobre la silla, de la habitación de la niña, cuatro monedas y una navajita de cuando tuve que ir, por que lloraba, dentro del tambor de la lavadora, siempre había elásticos de todos los colores, porque me los guardo en los calcetines. Más de una vez tuvimos avería por obstrucción, mi mujer harta de este descontrol, de tanta Magia y de tanta locura, una noche me pone en un brete, al espetarme: -¡No puedo soportar más, y hasta aquí hemos llegado. Puedes elegir y decidirte entre la Magia, o la niña y yo.! Tienes de plazo hasta mañana.- Y yo, de una forma muy poco lógica le contesté: – Pienso y creo, que todo es compatible, pero si me obligas, no hace falta esperar hasta mañana… te lo digo ya. ¡La Magia!.- Después, ante este poco juicio, me hice perdonar, y al final demostrar, que efectivamente era compatible, y no solamente con una niña, sino con dos más que vinieron después. Es cierto que por aquel entonces estaba intoxicado, pero era consciente del peligro que corría ante esta divina droga. Pensaba que el robar sería bueno: ingreso en la cárcel y veinticuatro horas para practicar Magia. Por juicio y lógica, salí de aquella maravillosa enfermedad,  por el bien de todos. El tiempo perdido en cuanto a mi formación mágica, lo fui recuperando a pasos agigantados al estar entre magos, libros y prácticas. Siempre digo:– Que si buen mago quieres ser,
Magia ver, leer y hacer.

Cargos. En el año 1981, soy nombrado Presidente de la S.E.I. (Sociedad Española de Ilusionismo, Circulo de Madrid) para dos años, y que una vez acabados seguí como vicepresidente.

Magia de Cerca. Enseguida me di cuenta, que la Magia de cerca, era realmente mi campo. En esta disciplina, es donde me siento a gusto y protegido, dando en todo momento el cien por cien. Pero como Mago mesero, poco dinero:  me monté un número de escenario, basado en efectos de mentalismo y de hipnotismo. Lo del hipnotismo, es una afición aparte y que en su momento también la afrontaremos. Voy hacer un paréntesis, para comentar que el conocer a uno de los miembros de la compañía mágica, en el año 1978, fue una de las cosas que mejor me pudieron ocurrir: Miguel Ángel Rodríguez Fernández, Psiquiatra muy cualificado en el mundo de la medicina, y gran aficionado a la magia. Nombre artístico: Conde Ropherman, destacadísimo mago cómico y gran “aficionado a la psiquiatría”, dos en uno. Para mí fue una suerte conocer a este personaje tan especial y además de Cuenca, del que aprendí  no solo mucha “gramática parda” sino también, temas relacionados con el mundo del arte. Nos consideramos hermanos artísticos, con muchísimas actuaciones juntos, y dos anécdotas por actuación. Cuando conocí a Miguel Ángel, ya estaba retirado del mundo del espectáculo, dedicándose por entero a la medicina, y Director médico del Penitenciario de Carabanchel. La magia, solamente como afición. Le convencí para volver al fascinante universo de la ilusión y formar compañía, para pasar los mejores años mágicos de mi vida. Existían dos cosas con las que más reía: Cuando veía el saldo de mi cuenta bancaria, y cuando veía actuar al Conde Ropherman. El Conde, sigue siendo para mi, el mejor mago cómico y con mas chispa natural. Desde estos escritos, quiero darle las gracias más sinceras, y recordar con todo regocijo, aquellos años vividos en la Magia. ¡Gracias Miguel Ángel, Psiquiatra. Gracias Conde Ropherman, mago. Gracias por ser mi PAISANO, y gracias por ser mi hermano artístico!. Juntos con Víctor Arrogante, (aquel que me informó donde se reunían los magos) formamos La Compañía Mágica. El Conde, como presentador y humorista. Víctor, la magia clásica y muy torera, y  yo, con mis “poderes paranormales.” Esta fue una gran etapa de mi vida.                                                                   La Compañía Mágica, hizo muchas galas por toda la geografía española, aunque tenía muy poco tiempo para descansar. Infinidad de veces tuve que  empalmar la actuación de Magia, con mi trabajo en la oficina. Las actuaciones con la Compañía, no me impedía realizar mi magia de cerca, puesto que siempre tenía algún pub en Madrid, donde exhibirla.                                                                                   La Compañía se deshace a muy pesar de los tres componentes, que continuamos con nuestra amistad, aunque mágicamente por caminos distintos.

Apertura de la Sala Houdini.  En el año 1995 el 20 de Octubre se abren las puertas del Olimpo Mágico: HOUDINI. El Centro más Mágico e importante de Europa, en la calle Fuencarral. Semiesquina a Gran Vía. Con tres plantas y siete salas dedicadas a la Magia, y yo, su director, Mago para todas ellas… dueño y señor de todas ellas. HOUDINI,  el Pináculo, la Cima. Diariamente mi Magia, exhibida en el Templo Mágico. Los martes (luego los miércoles) ponía al descubierto mis “poderes paranormales”, junto con mis sesiones espectaculares de Hipnotismo. Los miércoles y jueves, mi Magia muy de cerca y totalmente personalizada, pero antes, reunión con todos mis alumnos, que ya eran muchos. Viernes y sábado, maratón mágico, nueve pases cada día, repartidos  entre las tres salas de cerca.

Vacaciones obligadas. El 19 de Enero 2002, bajando las escaleras, con el fin de llegar a una de las salas de Magia de cerca, para realizar una actuación privada y cuando aún quedaba un escalón para terminar el descenso, pensé que el recorrido estaba finalizado, por lo que mi pié, encontró el vacio que no esperaba, y mis setenta y cuatro kilos, cayeron sobre  pierna izquierda (que es la buena) originando una fractura en la cabeza del fémur. Operación en el Hospital Clínico (Centro de trabajo de mi querida Maríeja). Tres meses de rehabilitación y de nuevo en Houdini, con mi Magia. Aquí quiero hacer un paréntesis y agradecer a Jhony, (Jesús San Pelayo), sus visitas periódicas al hospital. También mi recordatorio y el más sincero agradecimiento, a mi amigo: el mejor Pick Pocket del mundo, por su compañía diaria en mis doce días de convalecencia. Gracias “don Francisco” y gracias Jesús. En el año 2004 cerramos, para abrirlo de nuevo en el barrio de la Prosperidad. Calle Luna número 13. Con la misma dinámica que el primero.

¡MAGO DE HONOR!. ¡SI SEÑOR!. En la XIII Trovada Mágica de Almussafes, Del 8 al 10 de Abril 2005, me  nombran Mago de honor, ahí es “ná”. Mago de honor, por la gracia de A.V.I. (Asociación Valenciana de Ilusionismo) y su presidente, don Luis La- font.. y como bien nacido, soy  también agradecido, sigo disfrutando de ese divino diploma que luce en mi Gabinete Mágico. También me nombran Presidente del jurado para el concurso de Magia de cerca. Esto me gustó menos, puesto que recordé a los jurados, que tuve (tiempo “á”) de frente. Sin una sonrisa piadosa, cuando más lo necesitaba. Sin una mueca de ánimo, para aquella alma en pena, que perdía su mirada en el verde tapete y que al levantarla implorante, se encontraba con unos rostros severos, juzgantes, como si se tratara del más encarnizado enemigo… ¿El jurado tendrá que ser así?.

Mi salida de Houdini. Después de 17 años y con más de 16.000 actuaciones. (Dios mío, Miedo me doy)  En el mes de junio de 2012. “Después de una charla con  los ILUSTRES SOCIOS, me dicen que “”¡quieren calidad!”” (es broma).                                                                                                                             Rompo mi relación Mágica con Houdini y me instalo con mis alumnos en el Café Moliere (C/.Fco. Silvela),pub con un aforo para 30 personas, donde tuve mi Magia hasta el año 2013.                                   Del Café Moliere me instalé (y es donde continuo a fecha de hoy) en el Pino Rojo, local de mi amigo Moisés, en el Paseo de la Chopera núm. 37. (Mi Rincón Mágico), para mis Fans y quehaceres Mágicos.

MENINGITIS. En Junio de 2015, después de una actuación en Granada, para mi amigo Manuel Casares, me sentí  indispuesto en el viaje de vuelta a Madrid, con una especie de resfriado y que resulto ser el inicio de una meningitis bacteriana, que me llevó al Hospital Puerta de Hierro, en un trance (no hipnótico), del que desperté casi  a los dos días, siendo informado de que había nacido de nuevo.  En quince días recibí el alta para seguir con mi Magia, sin mermas ni taras. Año 2016, pletórico en mi Rincón Mágico y las actuaciones privadas.   

NÓDULO. Julio 2017, entre Chequeos, Ecografías, “Escáneres”… aparece un nódulo en el pulmón derecho que me lleva a operación obligatoria, para demostrar (Gracias a Dios) que es totalmente benigno.                                                                                                                                                                   

Desde estos escritos, quiero dar las gracias de CORAZÓN, a la persona que más quiero en el mundo:  MARIEJA, MI MUJER,  sin ella difícilmente hubiese superado el post-operatorio. ¡¡¡MIL GRACIAS MARIA,!!! por abrirme de par en par las puerta del Hospital Clínico, donde dejaste muchos años de tu vida laboral. Mis gracias también al grupo de médicos  especialista  y enfermeras.                  

NO PUEDE FALTAR MI AGRADECIMIENTO INFINITO A “MI ANGEL DE LA GUARDA.” ¡¡¡GRACIAS!!!                                                                         

 

 CONTINUARE.